Dame un beso que me sepa a café
- Cole Bracho
- hace 55 minutos
- 2 Min. de lectura
Desde la taza de barro en un pueblo neblinoso, pasando por una ajetreada calle en hora pico y hasta en el espacio de un Starbucks de una esquina en algún lugar del mundo, el café es parte de lo más antiguo de las costumbres de la humanidad.
Tenemos una historia platónica que habla de los chivos del desierto de África que se volvían locos al ser llevados a la montaña después de comer unas misteriosas bayas rojas. Tenemos la historia del mercader que arrojó unos frutos secos al fuego por accidente. Incluso tenemos a una deidad soñando con una mujer de cabello negro que inspiró a bautizar una planta como cafeto. Hay tantos mitos de cómo llegó a ser parte de nosotros esta reconfortante bebida, ninguno que podamos aseverar con certeza.
Lo que sí podemos saber es que está aquí y, después de unos 1200 años de tenerlo en nuestras mesas, afortunadamente no vemos para cuándo se vaya.

El café es la bebida más consumida del mundo después del agua, y por muchas razones. Es un estimulante natural, inhibe la sensación de cansancio en el cuerpo y reduce la hormona que nos hace sentir fatigados. Contiene antioxidantes que pueden contribuir con nuestra salud en general. Protege el hígado según algunos estudios sobre la cirrosis y el hígado graso. Se asocia su consumo regular con la disminución del riesgo de desarrollar Parkinson y Alzheimer, aunque no está comprobado en su totalidad. Asiste en la quema de grasas debido a que es un componente en el incremento de la tasa metabólica. Pero por sobre todas las cosas, es la razón por la cual muchos de nosotros no hemos cometido actos de violencia en un día con mucho estrés.
El café nos evoca la mañana helada en alguna ciudad cercana al bosque mientras contemplamos el frío desde nuestra ventana y sostenemos una taza tamaño pozolera en nuestras manos heladas. Nos recuerda esas mañanas en que simplemente no podemos procesar más de 10 bytes de información y nos sube la potencia de procesamiento en un abrir y cerrar de ojos. El café es magia, es seducción, es despertar y el combate a las inclemencias de la vida moderna.
Si tuviéramos que decir si el café sirve para vivir o servimos para tomar café, la decisión sería complicada. ¿Qué tal si nos acompañas a desenmarañar si es el huevo o la gallina?

Comentarios