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El Entramado

  • Foto del escritor: Cole Bracho
    Cole Bracho
  • hace 1 hora
  • 11 Min. de lectura
ENTRAMADO CELESTIAL
ENTRAMADO CELESTIAL

He conocido a muy poca gente que no se haya preguntado en algún momento ¿Existe Dios? Los momentos en los que la gente tiende a preguntarselo suelen venir acompañados de lágrimas. En gran parte porque la pregunta viene acompañada de una terrible sensación de “sinsentido”. Un momento tan profundamente doloroso o aterrador como para cuestionar la tela misma de la realidad. 


Por lo general he encontrado que la pregunta, dependiendo del “sinsentido” por el que uno esté pasando en ese momento, divide a la gente en personas que aceptan a un Dios o a algún sustituto organizador de la vida y aquellos que no lo aceptan. Entre los segundos hay una subdivisión que no lo niegan pero reniegan de su participación en la realidad y aquellos que reniegan de su existencia. 


Yo vengo de un antecedente más bien del tono ateo. Pero antes de explicar por qué es relevante, es muy necesario dejar en claro algunos de los conceptos que a veces por pensar que los tenemos todos en el inconsciente colectivo, cometemos el error de hablar de ellos desde una perspectiva muy subjetiva. Así que empezaré con un muy breve glosario de conceptos. 


Dios, como figura central suele ser extraída de la teología cultural, es decir, en Italia es el dios Católico, en China es la conjunción de varios dioses, en India es un panteón sibarita, en México es Dios Padre entre catolico y de chile mole y pozole combinado con tlaloc y quetzalcoatl y en Jerusalem tiende a ser un Dios muy celoso y medio enojón.


 Dios, en este contexto, trasciende de la imagen que la cultura local imprime a un ente creador de la creación entera. Un ente autógeno y autodestructivo del cual somos parte y al mismo tiempo somos manifestación del mismo, que contiene todo y genera todo. Que gobierna, manipula, cambia y mantiene el TODO. En el contexto de este texto no estamos mirando a una figura antropomórfica de un creador con características normalmente asociadas con un patriarca. Aquí, Dios lo es todo y al mismo tiempo no está en ningún lado. Lo explico pues el concepto puede invitar a la contradicción semántica por nuestros propios conceptos aprendidos por la cultura o la misma teología tratando de confrontar aspectos de una religión que nos hacen ruido sin necesariamente ser parte del concepto de un Dios como tal, sino de la colección de enseñanzas y paradigmas amarrados al concepto. 


Universo, es la totalidad de lo creado, sin ser un ente. Es decir, sin una personificación definida o una consciencia de ninguna índole, es solo la descripción del todo. 


Metafísico, es todo aquello que abarque más de lo que los sentidos del humano pueden percibir.


Creencia, es el conjunto de conceptos adquiridos a través de la interacción humana o la propia experiencia del mundo que se vuelve una certeza sin necesidad de contar con evidencia de la veracidad del concepto. 



Entonces marcaba yo que solía ser Ateo. Uno que desgraciadamente tampoco era muy creyente en mi anti-fe. Yo más bien era dudoso. Ateo a grandes rasgos pudiera ser definido no como una negación de la existencia de un Dios, sino más bien a la carencia de una creencia en dicha entidad. Es decir, la ponencia de que vivimos como seres independientes el uno del otro en una esfera rocosa que viaja por el espacio sideral con conciencias separadas del resto del planeta y de cada miembro de la especie.


De una u otra forma el ser Ateo evita muchos problemas fundamentales de estar vivo. Ser ateo te da cierto nivel de libertad de moverte entre dogmas, ideas y ponencias sin comprometerte a nada pues la primordial postura del ateo es “No creo”. Un escepticismo que invita a un poder sobre todos los demás: La capacidad de cuestionar todas las creencias ajenas sin que uno mismo pueda ser objeto de dicho escrutinio pues uno no cree en “nada”. 


Desde ese escenario partí para comenzar mi aventura alrededor de lo que yo llamo “El entramado”. 


EL ENTRAMADO


En todas, o en casi todas las religiones se maneja el concepto de “oneness” o el “Uno”. En pocas palabras y obviando ciertas variaciones (amplias variaciones) esto quiere decir que todos somos parte del TODO. Todos somos parte del universo. Los elementos del universo viven en nosotros, la materia no se crea ni se destruye, como es arriba es abajo y otro éxitos del estilo. 


Me gusta enmarcarlo como un tejido universal, metafísico, infinito, conectado… Un entramado místico. Independientemente de las creencias sobre el “Dios”, casi cada humano en la tierra puede sentirse identificado con ese tema. Hay poca resistencia a desear, creer o al menos considerar como posibilidad que hay una conexión no obvia o palpable entre todo lo que existe. 


Ese entramado en realidad es Dios. Solo que empaquetado con un poco de aire en la bolsita para evitar incomodidades teológicas. Pero hoy no le vamos a llamar Dios. Le llamaremos el entramado. Ese hilo invisible que conecta todo. 


Por lo general, los seres humanos se dividen en dos: aquellos que creen en Dios y aquellos que no creen en Dios. Ah! Pero aún dentro de sus divisiones existen sus subdivisiones. Y aquí está la parte más jugosa de estos conceptos. 


Al principio comentaba que cuando uno se cuestiona la naturaleza del ser, de la vida, del sentido de todo es cuando se pasa por dolores en el alma. Y aquí es justo donde nacen estas divisiones, cuando los acontecimientos de la vida nos sacuden la existencia. Y estas divisiones nacen del “sinsentido”.


Entendemos la manera como la realidad “debería” comportarse, basados en códigos de conducta que fueron creados para vivir en sociedad. No para operar en la realidad. Entonces llega una tragedia como la de tu hermana adquiera un cáncer o tu padre haya sido acusado de algo terrible y macabro o que alguien haya abusado de tu buena fe y confianza. Es entonces cuando la fe retiembla y los cimientos de quienes somos y como opera la realidad se sienten derrumbarse. Y viene la pregunta que antecede a casi cualquier caso de escepticismo: ¿Por qué, Dios mío?


De esto se derivan diferentes respuestas que llevan por lo general a los mismos caminos.


Camino 1 - Dios no existe y nada tiene sentido

Camino 2 - Dios existe y hay congruencia

Camino 3 - Dios existe y no le importamos 

Camino 4 - Dios no existe y nada tiene sentido pero hay un diseño


A partir de estos 4 caminos es que podemos ver la mayoría de los argumentos a favor y en contra de Dios. Yo, después de seguir los 4 caminos en algún punto u otro te quiero comentar por que todas son buenas noticias y te permiten encontrar en la vida la verdad última: Vale la pena cada momento de vida.


Camino 1. No existe un entramado y por lo tanto nada tiene sentido.

Creo que este es el favorito del flojo, del deprimido, del ocioso y del intelectual que confía más en sí mismo y su altísimo ego que en un orden exterior. Es el favorito porque no hace falta ver demasiado lejos para pensar esto. Me atrevería a argumentar, que sin teología básica cultural, este es el modo por default de todo ser humano semi racional. 


Cuando encuentras poca habilidad de influir en el mundo de alrededor o utilizas tus sentidos para observar la realidad que otros quieren que observes para su beneficio o dedicas tu energía mental a enfocarte en problemas que no puedes resolver en vez de dedicar tu energía física en resolver lo que tu tienes control de resolver, entonces esta observación será la más obvia para ti. 


Además de eso viene con el bono adicional super especial de que como tu no tienes control, injerencia o incluso influencia en nada de lo que te enfocas, puedes sentirte víctima de las circunstancias de tu vida sin tener que responsabilizarse por nada. Ejemplo, el cambio climático. Tu no tienes poder en nada (notorio claro está) que pudiera corregir dicha “injusticia”, no te deja de preocupar y no entiendes porque si para ti es tan claro decidir que el gobierno haga algo al respecto del problema por que no se hace nada. Es un problema eterno que no tiene una solución excepto la indignación y la condena desde una trinchera de un smartphone.


 Al ver cómo todo esto pasa no hace sentido y tiene el potencial de arruinar tu futuro sin que tú hayas siquiera abrazado la idea del futuro. Entonces decides que nada tiene sentido y por ende no hay un diseño que explique cómo es que la vida es así y la única idea que salta a tu primitiva mente es que no hay nadie tras bambalinas, no hay un padre benévolo enseñandonos a hacer más. En cuyo caso no hay un entramado. Ni una inteligencia detrás de ello. La existencia es sin sentido. 


Sin embargo, este escenario no es tan oscuro como lo pudiéramos imaginar. El entramado no tiene diseñador, por lo que no hay un sentido intrínseco en la vida. Pero eso son buenas noticias. Como muchos hombres desde la antigüedad hasta ahora entendieron, la vida carente de sentido nos da una oportunidad única en el universo. Podemos darle significado a nuestra existencia y a la existencia de todo. Los estoicos lo decían hace más de 2 mil años. Las cosas no son por sí mismas, nosotros le damos la interpretación a las cosas. Y esto nos debe llenar de empoderamiento y certeza ya que pudiendo darle sentido a la vida nos volvemos el conductor del entramado y teniendo ese poder absoluto de la interpretación siempre podemos catalogar que todo pasa para nuestro bien. ¡¡BUENAS NOTICIAS!!


Camino 2 Existe un entramado y un diseñador del mismo

Este por supuesto es el camino más sencillo y a la vez más complejo. El camino de la fe. En este camino existe un Dios organizador del entramado con un propósito específico, una serie de reglas, un libre albedrío y un plan para cada uno de nosotros. 


Es sin embargo, el más delicado de mantener ya que las expectativas del hombre de fe pueden verse retadas a cada revés de la vida. Aunque tiene muy bien definido el camino, el mapa del camino es rocoso, lleno de misterios y contradicciones que nos llevan constantemente a la pregunta Ontológica y por ende a recorrer alguno de los 4 caminos cada determinado tiempo. Un pasaje del texto religioso que sustenta la base filosófica de esta creencia puede ser suficiente para que la sociedad en gran escala o incluso un individuo pueda fragmentar la creencia desde adentro. 


Sin embargo, este puede ser un camino de una certeza más cálida. Con un Dios encargado del mantenimiento del entramado y con un plan, entonces hay congruencia en el universo y el entramado por lo que puedo descansar porque la responsabilidad de la organización del caos no es mía sino de ese Dios. Por lo tanto puedo descansar de la responsabilidad de la creación, de los hechos y de las causas de las cosas. Al ser una conciencia más avanzada o al menos más consciente, entonces no necesariamente tengo que entender las reglas del juego simplemente avanzar conforme a las reglas que el entramado ha desplegado a través de los siglos en mi ritual religioso. La responsabilidad más importante de la vida y mis decisiones está compartida con un ser multidimensional y sabio más allá de mi comprensión. ¡¡BUENAS NOTICIAS!!


Camino 3 Dios existe y está aquí pero no le importamos

Este camino fue caminado por mi, la mayor parte de mi vida. Es el camino de los que saben que existe algo más allá pero se sienten abandonados por el sistema sin un odio explícito pero con rencor de abandono. Esta ponencia dice que es muy obvio que existe un hilo conductor entre todas las cosas. Aquí viven los que llaman al entramado “La vida”, “El universo”, “La ley” y mi favorito “Las cosas”. Lo básico de este planteamiento es que  existe un orden que no nos ha tomado en cuenta. Que es como es y que en el camino puede ser cruel con nosotros por que no le importamos. Normalmente elegimos este camino cuando no queremos tener una fe inquebrantable para el camino 2 pero tampoco podemos negar la existencia de una congruencia sistemática. Solo que desconocemos sus designios y conocerlos implicaría un esfuerzo fuerte de nuestra parte por lo que nos mantenemos al margen de todo como si tuviéramos esa opción y decidimos tomarla. 


En este escenario todo sucede por una razón, si la conocemos o no es irrelevante pues dicha congruencia no necesita de nuestro permiso o conocimiento para operar. El hecho de que nuestro beneficio percibido personal no está siendo tomado en cuenta no quiere decir que no hay una lógica intrínseca. Existe una causa, razón o diseño detrás de cada evento y el entramado está operando dentro del marco de lo que “debería”. 


Nuestra observación no genera cambios al respecto. Es como cuando te levantas una mañana cualquiera y tu despertador no sonó porque ayer tu gato saltó en tu mesita de noche y desconectó el cargador del teléfono. Sales apuradisimo casi sin terminar de vestirte para llegar al trabajo y manejas como un demonio y justo al entrar al puente que debes tomar para llegar a la ciudad hay un camión de construcción obstruyendo el paso. Aún cuando habías recuperado el tiempo que perdiste por el despertador, vas irremediablemente 15 minutos tarde. Llegas a tu oficina y todo parece estar bloqueado, bajas de tu coche y ves que hay bomberos y policía alrededor de tu oficina. Resulta que hace justo 15 minutos, misma hora que es tu entrada y que hubieses estado ahí de no acumularse los malos momentos del día, un tanque de gas explotó y destruyó todo el piso de tu oficina. Puedes liberarte y dejas de resistir a la realidad operante, sueltas el control y disfrutas del camino. ¡¡BUENAS NOTICIAS!!


Camino 4 - Hay un diseño, pero no hay ni razón ni creador

Por último, tenemos que encuentran su respuesta en la misma observación de lo que es. Que van a sostener que no tiene sentido lo que existe, todo es una gran nada de la que emergemos y a la que regresamos cuando morimos. Sin embargo, hay un diseño específico al que se llegó a partir de la coexistencia de los elementos. Este camino generalmente lo lleva los más afines al pensamiento científico en donde sustituyen al entramado, a dios o al universo por la naturaleza. 


Observamos a un camarón mantis. Una criatura que no debería existir. Sin embargo, la síntesis entre una situación y la capacidad del diseño de la naturaleza hicieron que un animal pudiera golpear algo a una velocidad que hace que el agua de alrededor hierva. 


En otras palabras, el entramado no está en un universo paralelo, en una divinidad escondida en una dimensión diferente. El entramado vive en la necesidad de que hubiera vida. Sin un diseñador conocido, ni una serie de reglas inamovibles que garantizan un resultado u otro sino la simple capacidad de una célula de aprender lo que es necesario y lo que no. 





Gracias a esta capacidad se fueron creando ensayos y errores de tal diversidad que este camarón mantis es capaz de lanzar ese tremendo derechazo al mismo tiempo que algunas bacterias pueden permanecer congeladas miles de años. Si bien, no tenemos un ente organizador perfecto, tenemos una imperfección siempre en vías de perfectibilidad. No hay juicio, ni reglas, ni un plan. Están únicamente las rutas que la vida es capaz de abrir y estas son lo suficientemente amplias para llevarnos hasta este punto. ¡¡BUENAS NOTICIAS!!


En cualquiera de los caminos que vamos labrando en nuestras vidas en relación al fino, invisible entramado del universo que nos tocó vivir, la vida siempre tiene un lado para sentirte bien de estar vivo. Las obsesiones con experimentar la vida en alguna de las versiones del conocimiento del hombre y su relación con el todo viene de la obsesión con apuntar hacia lo que no está. Como dije al principio de este texto, las preguntas sobre si hay o no hay algo más nacen de los momentos de incertidumbre o dolor extremo, pero si repasamos estos caminos con cuidado podemos encontrar que la vida se puede disfrutar desde cualquier ángulo en el que nos encontremos en cuanto a nuestras creencias del Ser. 


He tenido la gran fortuna de haber estado balanceándome en los cuatro caminos antes de establecerme en el que me funciona mas. Mi verdadero privilegio ha sido comprender que en cualquiera de los caminos la vida es algo tremendamente disfrutable. La vida en cada momento, en cada creencia, en cada extremo de una visión interna, vale toda la pena, de un modo muy literal, vivirse a todo lo que uno puede dar, sin importar en qué creemos del resto del entramado. La vida, si uno está dispuesto, es bellísima de experimentar. 



 
 
 

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